Maximiliano Daponte

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Hoy llovizna en Buenos Aires

 

Hoy llovizna en Buenos Aires.

El día es lindo de ser de los días feos.

La llovizna nos da besos microscópicos

y de a miles a la vez.

Por eso esa chica se volvió jazmín.

 

El cielo es violeta,

la calle se cubre de un negro

metálico como la luna que se refleja en él.

 

De sólo mirar las baldosas la gente se patina

y las ruedas de los autos braman

“¡Cuidado!” a transeúntes y conductores.

 

No es el piso transpirado,

sino balcones y marquesinas lacrimosas,

las que nos marcan por dónde ir.

 

Los pelos de las señoritas

prefieren descansar largas siestas,

usando las capuchas como camas.

 

Los burócratas se vuelven cuervos

de sobretodo y corbata,

que estrangulan a sus paraguas

y los dejan tirados en la calle,

negándoles entierro digno.

 

Los poetas nos guarecemos en nuestros pilotos,

guarecemos el anotador donde construimos estos versos,

que nos protegen de los burócratas cuervos,

personajes oscuros que aborrecemos.

 

 

Primavera en el lago

 

Es primavera también en este

lago de aguas podridas,

que no se definen

ni en fangosas ni en acuosas.

Y es primavera

en el bosque que lo posee,

bosque de infamia y de miedos.

 

Entre los colores oscuros

que se difunden en el agua;

entre olores penetrantes y nauseabundos,

sobre una piedra suavizada por verdes musgos,

ahí, desde un pedazo de tierra negra,

la rosa roja y morada,

como los pezones de una virgen

en la plenitud del frío.

Ahí la rosa a la intemperie.

 

Esta flor que define sus peligros

con el filo de sus espinas,

sabe definir con colores también

sus estados de ánimo y

con aperturas y clausuras

invita a los demás

a acercarse o alejarse.

 

Dentro de la flor

hay una grata semilla,

entre suavidades, humedades

y temperaturas perfectas.

A la semilla la recubren

paredes tersas, que son pétalos.

Es ése el hogar del universo.

 

Un zorro que pasa,

que ve a la flor con sus pétalos abiertos,

corre esquivando su peso entre el agua

y hace confundir a las garzas

que creen encontrar una con cuatro patas.

 

Una vez sobre las rocas y el musgo,

una vez desprendida la rosa de ahí,

una vez la rosa en tierra firme,

de un solo mordisco,

que indicó placer a las papilas del zorro,

los pétalos yacieron en el suelo.

La semilla quedó sepultada por ellos

y por otro poquito de tierra negra  fértil.

 

El lago, la flor, la semilla, el zorro y el bosque.

 

 

El río Sarmiento

 

El río Sarmiento

y el dorado de las luces del Tigre,

una o dos por casa,

que hacen de perlas

en el negro infinito del río.

Son más bien lunas,

de ese río negro que imita al cielo.

Pienso en el agua

y me figuro al tiempo,

y lo figuro difuso,

como la luz de un ciego.

Esta negrura del río,

será mañana puro color,

marrón de pampa,

y se atreverá al dorado

si es que el sol lo ayuda.

 

 

El pequeño deseo de la mujer del siglo XXI

 

El pequeño deseo de la mujer

del siglo veintiuno:

Temeroso, ajeno, expectante.

Un conejo de dos meses,

esperando salir a la pradera.

¡Es tan tuyo mujer,

es tan tuyo tu deseo,

que ya no tienes que pelear

por él, contra los otros!

No hay zorro ahí,

no hay hiena, ni cuervo.

Te has apropiado del mundo,

lo has vuelto tuyo.

Ya no sirven las metáforas,

ni las estadísticas desfavorables.

Nada dicen hoy las pruebas

de laboratorio con animales.

El que alguna vez te maltrató,

es hoy un imbécil frente al televisor.

Haz que ese conejo descanse, maduro.

Que pueda correr libremente,

con otros a su lado. 

 

Maximiliano Daponte  [Morón, 1984], es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, donde cursa una Maestría en Estudios Literarios. Los poemas que publicamos pertenecen a su primer libro, inédito.