Eduardo Garcia Aguilar

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Asalto nocturno

 

El asaltado grita en la gélida noche

y rueda por escalas nauseabundas

donde un cráneo vierte la sangre de la patria

 

Sus gemidos ascienden hasta el Hotel del Parque:

en el 604 un hombre tembloroso inhala paranoias

y muerde sus almohadas entre oscuras cenizas

 

En un mar de cemento tapizado de líquenes

el moribundo extiende su mano hacia la nada

y los amantes lamen los muslos del hastío

 

Gritos en las esquinas de locos drogadictos

en el espacio de la ciudad maldita

recuerdan al poeta la triste letanía

 

del ciervo asesinado o la ninfa desnuda

cuyos líquidos solos como muros de llanto

colman huecos parduscos de alegres calaveras.

 

 

Regreso a Trocadero

 

Es 13 de septiembre de 1998

475 días  antes del año 2000

Trocadero está nublado y frío esta tarde

tras de la exposición

                                       ¿explosión?

                                                              de Boltansky

Escalofriantes fotos de adolescentes suizos muertos hace tiempo

adosadas a puertas de sarcófagos uniformes de metal

Camas cubiertas de sábanas blancas como sudarios

bajo el neón de la anestesia

lechos enfermos catres gélidos

Ropas viejas con olor a tiempo ido

                                                         a sudor fiebre muerte

Objetos perdidos cascos sombrillas radios zapatos

paraguas llaveros bacinicas carteras

botas relojes bastones radios

paquetes envueltos en celofán

Cámaras fotográficas muñecas abrigos para niñas

autos de juguete bolsas de dulces corazones perdidos

vidas perdidas tiempo perdido

Es domingo y en lo alto de la Torre Eiffel

parpadea la gigantesca cuenta regresiva

475 días antes del año 2000

Por el oeste sale un breve destello de sol que golpea la mole

y desaparece entre sus hierros como un espejismo de bronce

En el Museo de Arte Moderno

al salir de la exposición de Boltansky

un video muestra a cierto hombre que tose sin cesar

y se ahoga en su sangre

consumido por una agonía interminable

 


Eduardo Garcia Aguilar

 

Cardoza y Aragón ha muerto

 

El sol de septiembre en el poniente

intenso entre las grises nubes

y la llovizna tenue sobre el dulce

el payaso, la novia y la bandera

 

La vieja melodía del organillero

junto a la Catedral de Coyoacán en vilo

subraya la ausencia de quien sueña

en el río fugaz de Guatemala

 

En una fecha heráldica y arcádica

Cardoza y Aragón ha muerto

y sus ojos con malicia cantan al viento

que llevará sus cenizas al Ajusco

 

Cuando muere un poeta muere el mundo

el poeta es de aire y de palomas

más cristal más palabras más misterio

contendrá el anagrama de su natal antigua

 

                 

Papeles del loco

           

¿Es el poeta una extraña antena superpuesta al volcán

o acaso un payaso solitario derretido entre sus colores

o un caballo enfermo con su mirada grisácea

hastiado de sus palafreneros ebrios entre estiércol

junto a cascadas con canoas lejanas en caída libre

como ocurre con el poema flecha herida bala rayo ruptura?

 

Todo joven poeta algo disecado espera su busto

en tristes plazas cuyos mendigos ciegos sueñan

castillos espaciosos de cristal de Murano

imaginados en leprosorios asiáticos por budistas

y nada ni la luz de la amada que lo convoca deslíe

la pútrida electricidad cósmica de su propia quimera

 

En la humedad de estaciones heladas de esquí

o en la primaveral cristalinidad perlática del riachuelo

fluyen estados de ánimo en superficies de flor y lodo

y con palabras incrustadas en cuevas paulatinas

se oye el sonido de las imprecaciones acuosas

la goteante liturgia de la lluvia y su poema

 

Poeta hombre precipicio violeta flor campo

roca velo de seda cadmio azul arcoíris luciérnaga

¿Qué dicen sino su propia luminosidad antes

del precipicio por donde caen hacia un remolino

o tal vez la radioactividad de una civilización indeseada

presa en la colisión de dos galaxias exhaustas?

 

Cosas colores paisajes sol noche

ciudades esquinas pozos aljibes torres

adquieren extrañas connotaciones para infectados

si son poetas jóvenes apenas iniciados

al extremo ritual de concretas paredes

cubiertas de líquenes y musgos desleídos

 

El poeta recién horneado o el que se desmorona

fue extraído de un yacimiento magmático

y los materiales que lo conforman no desaparecerán

con su fin: sólo se diluyen en gemas reales

acumulándose en baúles incrustados en baluartes

como tesoros legendarios para ninfas

 

Estalactitas musgo veta coral perla malaquita

ónix rubí perfume agua de colonia estrella de mar

reflejan estrellas desaparecidas sobre hojas de otoño

y vuelan en tapices de Damasco o Bagdad o Estambul

hacia sus propios cristales de roca en el paraíso

atraídos por el profeta que nada codicia del velamen

 

¿Nada busca el poeta? ¿Nada lo llama a su delirio?

¿Ningún oráculo le avisa del peligro ante la hidra?

¿Alguien oculta la verdad cuando ve sus ojos poseídos

y se niega a la revelación junto a desiertos sin oasis?

¿Tan desamparado estará acaso ajeno a su caída?

¿Será el deseo tan espléndido que su codicia lo ciega?

 

 

Eduardo García Aguilar (Manizales, 1953), estudió en Paris donde trabaja para una agencia de noticias , luego de haber vivido en Estados Unidos y México. Entre sus libros figuran  Tierra de leones (1986), Bulevar de los héroes (1987), El viaje triunfal (1993) y Tequila Coxis (2003).