Las canciones populares del siglo XII en Japón.

Keiji Minato


 

Reunidas por el emperador Goshirakawa en el siglo XII, Ryojin-hisho es una antología de las canciones populares conocidas como Imayo Kayo, cantadas por bailarinas y actores que iban de pueblo en pueblo.

El emperador apreció mucho esas tonadillas que él mismo aprendió de famosos juglares, considerados bajos en la jerarquía social, o totalmente apartados de ella, y no ahorró esfuerzos para cantarles recordando las letras originales. Como muchos críticos han anotado, su aprecio y entusiasmo fue resultado de los cambios políticos en las estructuras de poder, cuando la familia real y los aristócratas fueron remplazados por una casta militar: los recién desplazados necesitaban sicológicamente recapturar un poder cultural desde el fondo de sus sociedades. Una consideración histórica que puede ser rastreada en las propias letras de las canciones que aparecen en la antología.

Las canciones se ocupan de variados asuntos y sus estilos son también amplios, desde lo cómico hasta lo filosófico. Uno de esos temas es la religión:

Buda nos ronda siempre,

pero lamentamos no poder verlo en realidad.

Solo en los amaneceres, cuando nada se oye,

se muestra a sí mismo en nuestro sueño.

 

Mientras el budismo se introducía en Japón numerosas waka y canciones como la anterior se crearon para que las gentes se fueran acostumbrando a las ideas del budismo. Claro es que en tan pocas palabras es imposible exponer hondas filosofías, y como el texto citado la mayoría de ellos son expresiones estéticas que pretender conmover las fibras de aquellos que no pueden comprender complejos conceptos.

Otras canciones llegan hasta mayores honduras del sentimiento. La más famosa de Yoyjin-hisho es:

Todos nacemos para retozar,

todos nacemos para solazarnos.

Oye las voces de los niños,

mientras mi cuerpo tiembla.

 

Aun cuando la mayoría de los lectores este de acuerdo que quien habla es un yujo, una suerte de mujerzuela o puta que canta, que lamenta la vida que ha llevado, y eso ha hecho todavía tan popular el texto. En otros poemas pequeñas criaturas juegan un papel importante:

Danza, danza caracol.

Si no sabes bailar haré que un potro

o una vaca te patee,

te aplasten y destrocen.

Si danzas bellamente,

te dejaremos ir hasta una flor del jardín.

 

Otro de los rasgos comunes a estas composiciones son la exageración y las enumeraciones:

Das esperanza pero no llegas,

te has hecho en un demonio

con tres cachos despreciados por la gente.

Te has convertido en un pájaro

en un helado arrozal, con nieve,

mientras cae granizo y se hielan los pies.

Te haces pasto que flota

sacudido sin fin entre las rocas.

 

Los demonios japoneses tienen habitualmente solo dos cuernos. Los campos de arroz tiene agua en verano, pero está helada. Claramente estas expresiones exageran juguetonamente los sentimientos de quien habla hacia el personaje del texto.  Palabras más para atraerle que para molestarle. La misma picardía aparece incluso en canciones sobre la religión:

Estoy pensando ir a Kumano,

pero está muy lejos para ir andando,

con  tan empinadas montañas.

Ir a caballo, sin embargo, no tiene mérito.

Iré volando. Dame alas, Dios de Nyakuoji.

 

En Kumano hay importantes santuarios  (Kumano Hongu Taisha, Kumano Hayatama Taisha; Kumano Natchi Taisha), y emperadores y ex emperadores fueron a menudo desde Kyoto. Goshirakawa fue un devoto adorador y visitó Kumano en 34 ocasiones. En la canción anterior quien habla abandona la idea de ir a caballo por ser algo fácil y no ofrece mérito alguno, pero a renglón seguido, él o ella le pide al dios alas para volar. No parece serio, pero de alguna manera expresa el afán de ir a Kumano.

Se creyó durante un tiempo que Ryojin-hisho se había perdido luego de su recopilación. Fue dramáticamente redescubierto a finales del siglo XIX, y sorprendió y conmovió a los poetas de la modernidad. La variedad de sus formas y contenidos testificaron que hubo una gran variedad de maneras poéticas más allá de las conocidas waka, renga, o la poesía típica china del Japón medieval.

Los textos y las traducciones son de Keiji Minato, quien escribe habitualmente una vez al mes sobre poetas de Tokio y poesía. El libro que comenta aquí es de Sasaki Nobutsuna, ed. Ryojin-hisho. Iwanami-bunko (22-1). Tokyo: Iwanami-shoten, 1933.

Versión española de HAT.