Tres poemas

Anestis Evánguelou

 

 

La herida

Aquí

un poco más abajo del cuello

en el pecho

jugando casi

insospechada

indiferente

dejaste tu profunda huella

me marcaste para siempre.

Han pasado tantos años, claro, desde entonces

pero

brilla, sabes, levemente bajo la ropa todavía

de modo extraño

no puedo ocultarme, me ven

el marcado dicen y con el dedo

me señalan.

Por las noches sin embargo,

me quito despacio la ropa y a la luz

de la lámpara, desnudo,

acaricio con ternura la herida

la venero

y la cuido con orgullo secreto.

 

Últimas palabras

 Ahora que naufraga en la oscuridad

y el agua asciende,

entre la locura y los gritos trata

de juntar tus palabras,

y celebra este naufragio,

la catástrofe y la matanza de nuestro tiempo,

todo lo que no dicen los reportes oficiales,

y di aún más sobre los culpables,

pon toda tu resistencia para encontrar a los culpables

–como si alguien te escuchara en medio de esta destrucción,

como si tuviera tiempo, como si alcanzara,

como si no fuera a absorber el mar dentro de poco

el barco, a ti y a todos.

  

Ven pues entre la destrucción

 Ven pues entre la destrucción y las ruinas,

tierna y pequeña figura, detenida en la primera edad,

ven, espíritu del bien, personaje mítico,

pequeña voz perdida, vagabunda,

cuando en las calles llueve soledad

y cae temprano la noche sin sueño, ni sueños,

lava la nube que me envuelve el rostro,

limpia el cielo, avanza,

abre camino entre la destrucción y las ruinas,

hazme un espacio para que me sostenga, para que me mueva,

para que pueda existir más humano.

 

Versiones de Francisco Torres Córdova

 

Anestis Evánguelou (Salónica, 1937-1994), hizo estudios de derecho en la universidad de su ciudad y más tarde se desempeñó como agente aduanero. En 1960 apareció su libro de poemas que le hizo conocer, Descripción de un desahucio. Es autor de tres libros de ensayos y de siete de poesía, y ha sido traducido a numerosas lenguas, incluidos el inglés, italiano, polaco y rumano.