Juan José Escobar

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Primer manifiesto de un poeta fallido


¡Qué falso el mundo, que error el hombre!

Acaso existir sea más que convivir con estos absurdos,

y no ser más que pasiones y pensares;

la política no es otra cosa que sentirnos el blanco

de los amores y odios de ignorantes;

la ética es solo la medida que nos ponemos

para no acabar con la raza malvada que somos.

Falla el hombre de obra y pensamiento,

nunca reconoce sus torpes mientes y su craso actuar

no puede ahondar un ser la oscuridad

o la fuerte roca sin el menoscabo de la claridad

de ser bestias entendidas y profesionales

en pesares. ¡Basta de actuar en el teatro racional

de un mundo que ha fallado!


Frente al valle de Tuluá


Silba la cigarra alternando con el marchar del sol,

en esta sinfonía no hay silencios, las semicorcheas se roban

la armonía, se desprende un hilo de agua intermitente en varios

puntos del tejado, al horizonte entre el valle una sempiterna serpiente

repta caudalosamente entre cañaverales, el río es un espejo

de la tarde y de las nubes, el rio es una mezcla de sentires y pesares

el río se lleva los sueños de los hombres, el mover del rio es el

olvido, el reflejo de las nubes la esperanza, el hombre así hecho

con las materias del río, el olvido y la esperanza, olvido somos

padecemos su transcurso, la inevitable forma en que se escapa la

sustancia de que estamos hechos, el agua, que es la única forma de existencia

del tiempo, del pasar, como pasan ahora las nubes reflejadas en el río,

así en la vida se refleja lo que ha pasado, en el cuerpo las cicatrices,

en el alma las heridas. Qué es entonces la muerte sino ese rojizo color

que se plasma en la luna estos días, manchando no solo a las pasajeras

nubes, sino, principalmente los espíritus de los hombres.


Juan José Escobar  (Medellín, 1993) estudia  Literatura en la Universidad Pontificia Bolivariana.