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Bai Juyi [白居易]; [Taiyuan, 772–846], también conocido con Bo Juyi o Po Chü-i, vivió en el periodo Tang del Medio, una época de restauración y rescate del Imperio después de la rebelión de An Lushan, y la magnificencia poética de Li Bai, Wang Wei y Du Fu. Setenta y cuatro años de los reinados de ocho o nueve emperadores, habiendo nacido bajo el reinado del emperador Daizong. Muchos de sus poemas se ocupan de asuntos de su vida o de las cosas que advirtió durante los años que fue gobernador en tres provincias. Pasó buena parte de su niñez en Shenyang, hijo de una familia pobre pero educada ya que su padre llegó a ser asistente de un magistrado. A los diez años fue enviado lejos de casa para evadir una guerra que había estallado en el norte y vivió con unos parientes en Xuzhou. Su carrera como funcionario fue relativamente exitosa si tenemos en cuenta que pasó los exámenes para jinshi [進士/进士] [Licenciado] en 800. Un año después debió mudarse a Changan, la entonces capital occidental, donde se hizo amigo de Yuan Zhen, uno de los cancilleres del emperador Muzong. Su padre moriría dos años antes de 806, cuando llegó al poder el emperador Xianzong y Bai Juyi fue nombrado en un cargo inferior en Zhouzhi, un pueblo cercano a la capital. Hecho miembro de la academia de Hanlin, a la muerte de su madre vivió tres años cerca del río Wei, para tornar a la corte en 814 donde fue nombrado Secretario adjunto del tutor del príncipe. Por haber escrito memoriales instando a detener las guerras contra los tártaros y varios poemas satíricos contra la codicia de los funcionarios y el sufrimiento de la gente del común, se creó enemigos en la corte y la ciudad, cuando un condotiero, de nombre Wu Yuanji, se hizo con el control del circuito Zhangyi, buscando una reconciliación con el emperador, previo el perdón de sus actos. A pesar de la intervención de poderosos amigos Wu no fue perdonado y decidió asesinar al primer ministro Wu Yuanheng, a quien culpaba de la negativa. Como las reuniones en la corte comenzaban al amanecer, el 13 de julio de 815, cuando el primer ministro iba camino del palacio fue atacado por arqueros haciendo huir a su escolta mientras los asesinos se apoderaban del ministro, mataban su caballo y decapitando al ministro, se llevaron su cabeza con ellos. Los asesinos intentaron también asesinar a Pei Du, otro oficial enemigo de los señores de la guerra. La ciudad entró en pánico y muchos funcionarios se negaron a dejar sus casas para ir al trabajo. Fue en este contexto que Bai Juyi escribió los memoriales al emperador. Como Secretario adjunto del tutor del príncipe, debió esperar que otros superiores en rango tomaran la iniciativa, sin romper el protocolo imperial. Pero esa no fue la única acusación que recibió. A la muerte de su madre, que había caído en un pozo mientras miraba unas flores, escribió En alabanza de las flores y El nuevo pozo, nombres y poemas que fueron usados en su contra como demostración de su falta de piedad filial, uno de los ideales confucianos. Fue entonces degradado y desterrado a Xunyang, en las orillas meridionales del Yangtzé. Tres años después fue enviado como gobernador de Zhengzhou, río arriba, permitiéndole visitar a su amigo Yuan Zhen que también estaba confinado y con quien visitó las cuevas de Yicháng. Para 820 ya estaba de vuelta en Changan, poniendo fin a su exilio, siendo nombrado Secretario adjunto de segunda clase. El año siguiente ascendió al trono el emperador Muzong, quien se dedicó a festejar su ascenso mientras los gobernadores militares que habían participado en los levantamientos anteriores y habían sido sometidos por el emperador Xianzong, se independizaron de nuevo en tres circuitos al norte del Huang He. El auge de la corrupción hizo que Bai Juyi redactara una serie de memoriales en protesta. De nuevo fue alejado de la corte, esta vez como gobernador [822-824] de la floreciente Hangzhou. Enterado que los plantíos cercanos dependían de las aguas del lago Oeste, que negligencia de los gobernadores había dejado arruinar el viejo dique y el lago se había vaciado tanto que los agricultores padecían severas sequías, hizo construir uno más fuerte y alto, con una represa para controlar el flujo de las aguas, proporcionando continuos riegos que aliviaron las calamidades y mejoraron la vida de los labriegos. También hizo un camino que rodeaba el lago conocido entonces como la Calzada de Baigong. En 824 expiró su término como gobernador y fue nombrado Tutor Imperial, un cargo donde se ganaba más que se trabajaba, mudándose a un suburbio de la oriental Luoyang, una de las metrópoli de un millón de habitantes, reputada como la capital cultural de imperio en oposición de la capital política, Changan. Un año después, cuando tuvo cincuenta y tres, fue nombrado gobernador de Suzhou (825-827), en la parte baja del Yangtzé, a orillas del Lago Tai, pero enfermó y tuvo que pedir una licencia para cuidar su salud. Volvió a la capital y fue prefecto en Henan, donde nació su primer hijo, que murió al año siguiente. Durante los trece años siguientes tuvo varios empleos nominales estando jubilado. En 832 hizo reparar una parte de un monasterio en las grutas de Longmen, a unos doce kilómetros al sur de Luoyang, famoso por sus diez mil estatuas de Buda y sus discípulos cincelados en las rocas, donde se mudó y comenzó a hacerse llamar el Ermitaño de Xiangshan. Siete años más tarde sufrió un infarto que dejó paralizada su pierna izquierda. Luego de su recuperación se dedicó a ordenar sus poemas, cuyas copias manuscritas dejó en custodia en varios de los monasterios del área. Murió en 846 dejando instrucciones para su funeral, que fue modesto, en un nicho del monasterio, cerca de las grutas, donde hay un monumento de casi tres metros con la inscripción de su nombre. Bai Juyi escribió unos dos mil ochocientos poemas, en un estilo directo y comprensible, donde en su mayoría critica la vida social y política de su tiempo. Se sabe que él mismo los copió y distribuyó para asegurar su supervivencia, y que rescribía el poema si alguno de sus criados no lo comprendía a cabalidad. Dos de los más son La balada de la infinita tristeza, que canta la historia de Yang Guifei, la famosa concubina del emperador Xuanzong, causante de la ruina de su imperio, y La balada de la tañedora del laúd, sobre la infelicidad y el dolor de vivir en exilio; otros son poemas satíricos como El carbonero viejo, sobre los trapicheos de los mandarines, o aquellos vivamente sentimentales dirigidos a sus amigos, donde habla de la nostalgia de beber, dormir, mirar la luna, las montañas y vagar juntos durante días y noches, como en éste, escrito para Yu Shunzi, que le había enviado, como regalo, desde un pueblo lejano, una pieza de género, con hojas y flores como adorno: Cuando voy a cortarlo para hacer un colchón me da lástima romper las hojas, cuando voy a cortarlo para hacer una bolsa me apiado de separar las flores. Sería mejor coserlo y hacer una colcha. Siempre pienso en ti, como si aquí estuvieras, día y noche. Bai Juyi escribió usando modelos de poesía conocidos como yuefu [樂府], muy populares durante el imperio Han, también conocidos como baladas folclóricas, conservadas por las instituciones oficiales de música de entonces. Eran usadas para escribir o cantar protestas sociales. Y de hecho, escribir poemas para promover cambios sociales fue uno de sus designios. Pero también escribió muchísimos poemas con metro y rima. En 824, en el prefacio a la primera antología de sus poemas, Yuan Zhen dice que: “… sus poemas se escriben sobre los muros de los palacios, de los templos budistas o taoístas y en las hospederías. Todos los recitan, príncipes y funcionarios, esposas y concubinas, pastores y escoltas. Se copian y se venden en los mercados o se los trueca por vino o té. Desde que la literatura existe, nunca la gloria de un poeta se difundió con tanta rapidez”. Véase Arthur Waley: The Life and Times of Po Chü-I, 772-846 A.D, New York [1949]; Burton Watson: Chinese Lyricism: Shih Poetry from the Second to the Twelfth Century, New York [1971]; The Columbia Book of Chinese Poetry, New York [1984];David Hinton: Classical Chinese Poetry: An Anthology, New York [2008]; Gu Xuejie: La obra de Bai Juyi, Beijing [1979];Gu Zhaochang: Poemas escogidos de Bai Juyi, Beijing [1962]. Dejando mi tierra natal, lejos de mis parientes, desterrado en un extraño sitio, me asombra que mi corazón no tenga angustia o dolor. Cuando consulto a Zhuanzi me encuentro a mí mismo. De seguro mi hogar está allí, en esa tierra de nadie. Cuando fui joven para gobernar mi rumbo leí en el capítulo primero de Zhuanzi. Ahora me ocupo de mi espíritu, soy un jhana que apenas medita para iluminarse. Es cierto que acepto el mundo como es, pero los sentidos no limitan mi vida. No tengo antipatía por el pueblo o la corte, y en casa no preciso compañía de alguno. Desde entonces, donde vaya, mi mente está tranquila y para nada necesito hacer ejercicios en favor de mi cuerpo, ni de los ríos o lagos para sosegar mi alma. Si tengo sed bebo un poco de vino, si no tengo que hacer, tomo asiento en silencio y al caer de la tarde duermo hasta el día siguiente cuando el sol está bien alto. No evoco en otoño las noches largas, ni lamento en primavera los días que pasan. Enseñé a mi cuerpo a ignorar si es joven o es viejo, y a mi alma, a apreciar por igual, la vida y la muerte. Ayer, cuando te vi, Li Jien diste a mis pensamientos médula y corazón, porque, como el tuyo, mi camino también es inefable y si no fuese por ti jamás lo hubiese explicado con estas palabras. Después de comer hago una siesta y luego me levanto y bebo dos tazas de té. Levanto la cabeza y veo al sol que declina. Un hombre alegre lamenta la marcha de los días, uno triste aborrece los años que pasan. Nadie acepta, alegre o triste, la vida que tiene sea larga, sea corta. Desde que vivo exiliado en Hsünyang no ha cesado de llover a raudales. Pocas veces se ha aclarado el cielo, dormitando he pasado buena parte del tiempo. Tanto ha crecido el lago que casi llega al cielo y las nubes descienden casi tocando el agua. Detrás de mí patio oigo la conversa del remero, al final de la calle oigo el pescador que canta. Los pájaros desaparecen entre el aire amarillo, el viento entre las velas golpea las olas. El camino de herradura esta noche se ha convertido en el lecho de un río. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde que estoy enfermo! Casi cien largos días. Mis criados ya saben buscar las plantas para mis medicinas, el perro ya no ladra cuando el médico asoma. Las cazuelas, en mi cueva, traspasan el suelo. Las esteras de los cantores se hacen polvo. Cuando llegue la nueva estación ¿cómo podré soportar ver, desde mi almohada, la belleza de la primavera que nace? No pienses en los asuntos del pasado, pensar en el ayer es inservible nostalgia. Tampoco vale imaginar el porvenir, es una vana inquietud. Mejor caer como un saco en la silla y en la noche, tumbarse, como piedra, en el lecho. Cuando haya que comer, abre la boca, cierra los ojos, cuando el sueño llegue. Pocos cruzan la puerta. Frente a la escalera crecen pinos y guaduas, la tapia del oriente resguarda del viento otoñal. Por el patio sopla una brisa fresca. Y aun cuando poseo arpa no quisiera tocara. Y libros, que no tengo tiempo para leer. Todos los días, en este angosto término, solo hay calma y de pasión, ausencia. ¿Para qué ampliar la casa? No tiene sentido. Una habitación pequeña es suficiente, dos tazones de arroz sacian cualquier vientre. No soy hábil en negocios y la paga imperial es bastante porque es nada lo que hago. Jamás he plantado moreras, nunca he calado la tierra. Siempre como bien cada día, visto bien todo el año. Siendo consciente de ello y por ser tan huraño, ¿por qué estaría a disgusto? Harold Alvarado Tenorio
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